Estandarización de las cajetillas

El empaquetado genérico del tabaco es el último fantasma que amenaza a productores y dispensadores de tabaco. Desde que Australia decidió imponer el empaquetado genérico -aumentando el espacio destinado a advertencias sanitarias y reduciendo y limitando el de marca- planeaba sobre Europa la sombra de la homogeneización de las cajetillas.

La sombra no se ha desvanecido, pero si ha menguado con las últimas palabras del nuevo comisario europeo de salud, Tonio Borg.

El Tribunal Superior de Australia – homólogo del Tribunal Constitucional español en aquel país- rechazó los recursos interpuestos por las compañías tabaqueras contra la decisión del gobierno de homogeneizar el diseño de las cajetillas de tabaco, que entraron en vigor el pasado 1 de Diciembre. El gobierno australiano perseguía, con esta medida, acabar con la última forma que tenían las tabaqueras para publicitar “sus productos mortales”; en sus propias palabras, “cuando un fumador saque un paquete de cigarrillos, nunca más será una valla publicitaria móvil”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aplaudió enérgicamente la decisión de la Justicia australiana y desde entonces ha pugnado con mayor intensidad por implementar la medida en Europa. El fantasma, que planeaba desde hace tiempo sobre el sector, pareció abalanzarse sobre los europeos.

La revisión de la directiva europea del tabaco abrió una puerta a esta posibilidad y el debate parecía servido: ¿impondría Europa el empaquetado genérico del tabaco? Por fortuna, y tras la renovación de la comisaría europea de salud, las dudas se han desvanecido. Tonio Borg, responsable de salud, no impondrá el empaquetado genérico del tabaco, entendiendo que esa será una decisión libre de cada Estado Miembro.

Aun así, y aunque sea un alivio para el sector que, en caso de imponerse la medida, debería hacerse individualmente en cada país y, por tanto, difícilmente prosperaría en todos ellos, la amenaza sigue vigente. Los defensores de la medida quieren  aumentar hasta el 75% las advertencias sanitarias -por las dos caras- y disminuir hasta un 10% el espacio dedicado a la comunicación de marca. Se persigue homogeneizar el paquete para que sea, independientemente de la marca, de un color, texto, tipo de letra y tamaño estándar. Creen que estas medidas harán que fumar sea menos atractivo e impedirán que las tabaqueras conviertan a los consumidores en su mejor publicidad.

En este punto quisiera poner de manifiesto el triunfo léxico de los perseguidores del tabaco. Nos han hecho creer que, en pleno siglo XXI y Sociedad de la Información, los consumidores de tabaco necesitan ser informados de sus efectos nocivos y, por otro lado, que una imagen gráfica a todo color y resolución de la peor cara posible de una enfermedad es una “advertencia sanitaria”. No hacemos lo mismo con las advertencias de seguridad vial, ni con problemas más acuciantes e injustos que asolan el planeta como la desnutrición infantil o las persecuciones por razón de etnia o ideología. ¿Por qué es justificable para el tabaco y cuándo nos creímos que eso eran “advertencias sanitarias”?

Han ganado sin duda esa batalla contra los defensores del tabaco pese a que quien no está informado hoy de la perjudicialidad del tabaco es porque ha hecho un esfuerzo por engañarse a sí mismo y no por falta de información. Han hecho bien en estudiar e informar sobre los efectos del tabaco, pero parece excesivo cuando al informar se le añade “a toda costa”.

Sin duda esta persecución a las tabaqueras para impedir que conviertan a los consumidores en “una valla publicitaria móvil” debe hacernos reflexionar. Las tabaqueras no son las únicas compañías que se benefician de esta forma de publicitarse. De hecho, es más que cuestionable si son las que más se benefician, pondré algunos ejemplos: Apple – con Iphone, Ipad y Ipod-, Mercedes Benz, Dolce y Gabbana o Carolina Herrera, entre muchísimos otros. Todos ellos convierten al consumidor en su mejor publicidad: hacen desear sus productos porque queremos ser igual que aquella persona que vemos que los usa – y no sólo porque disfrutemos de las ventajas del producto en sí-.

Las tabaqueras hacen lo mismo, ¿por qué no nos parece correcto en su caso? Porqué el tabaco puede matar; o más bien produce cáncer y el cáncer mata; o incluso que aumenta las probabilidades de padecer cáncer – y otras dolencias- y que el cáncer – en muchos casos- mata parecen más cercanas a la realidad.

Convertir al consumidor en publicidad del producto es un medio, sólo un medio, para vender. ¿Vender qué? Cualquier cosa. Al parecer, no nos ofende que nos conviertan en vallas publicitarias cuando se trata de un coche, ropa o un teléfono – incluso alardeamos de nuestro BMW o nuestro Mac-, pero sí nos alarmamos en el caso del tabaco. ¿Por qué? Fíjense, no obstante, en el giro: no nos desagradan los medios, no nos desagrada que nos conviertan en vallas publicitarias, como pretendían argumentar los defensores de la estandarización en Australia; lo que nos desagrada es el tabaco. Entendería a quien quisiera evitar que nos conviertan en vallas publicitarias, pero es una hipocresía querer evitarlo sólo para éste o aquel producto.

El sector del tabaco protesta por el efecto negativo que tendría la medida. Según el Eurobarómetro, un 91% de los consumidores no cambiarían sus hábitos de consumo si se implantara la estandarización de las cajetillas, en otras palabras, el 9% restante sí variarían sus hábitos de consumo: comprando menos, otros productos o no comprando. Para un sector que se dedica principalmente a vender estos productos – y no da servicios ni vende otros productos-, una reducción potencial del 9% no es trivial, es cuestionar su viabilidad.

Asimismo, el sector afirma que la estandarización de las cajetillas aumentará la venta de tabaco de contrabando que, al no ajustarse a las normativas, será comparativamente más atractivo, además de más barato. Recuerdan, asimismo, el peligro de consumir este tabaco sin control ni regulación que ganaría presencia en nuestra sociedad si se homogeneizaran las cajetillas.

Por fortuna para el sector, todo parece indicar que la nueva directiva europea del tabaco, cuyo borrador estará preparado en Enero del 2013, no obligará a ningún Estado miembro a acogerse al empaquetado genérico, y por tanto a sus consecuencias y problemáticas antes mencionadas.

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