Honores para el lector de tabaquería

La lectura es un hábito poco extendido que, afortunadamente, gana adeptos en los últimos tiempos. Aun así, los lectores contemporáneos apuestan por las novelas del presente y olvidan las grandes obras de la cultura universal y sus autores.

Cuba puede enorgullecerse de acercar, desde mediados del siglo XIX, las mayores expresiones escritas de ingenio al pueblo llano mediante un empleo tan único como bello: lector de tabaquería.

 

La lectura ha atravesado diferentes grados de salud a lo largo de los últimos años y, hasta recientemente, estaba en clara decadencia. Afortunadamente las tornas han cambiado de un tiempo a esta parte, y además de aquellos a quienes el habito de leer les viene de lejos, se han sumado nuevos colectivos de lectores impulsados por la llamada de las grandes sagas (tan comerciales) de nuestros días: “Juego de Tronos”, “Crepúsculo”, “Harry Potter”, “Ángeles y Demonios”, etc.

Su éxito es notorio, pues no sólo han reenganchado a la lectura a gran cantidad de personas, si no que lo han hecho a la lectura de grandes volúmenes. Mérito digno de ser destacado en la cultura de lo inmediato, de la televisión y de los placeres instantáneos porque no hay tiempo para pararse, sentarse en el sofá o la cama y leer.

El fenómeno de las celebres sagas es parecido, aunque no comparable, al impacto de los lectores de tabaquería en la Cuba de 1865 – 3 años antes del alzamiento contra la Metrópoli española-. El oficio de torcedor, encargado de convertir las hojas secas de tabaco en puros, es pausado, tranquilo y repetitivo. Un trabajo que debe ejecutarse con mimo para trasformar el tabaco seco, sin romperlo, en cigarros.

Para hacer más llevaderas las largas y tediosas jornadas de los torcedores el político liberal Nicolás Azcárate introdujo la lectura en la fábrica “El Fígaro” mediante la figura del lector.

Entró en la tabaquería un mundo nuevo de información, con periódicos y libros políticos, y de ideas e historias, con las mejores novelas y autores de la época. Los lectores leyeron y leen a los torcedores la prensa diaria, horóscopos, curiosidades y novelas. Dumas, Tolstoi, Zola o Shakespeare se ganaron su plaza en la tribuna del lector – una silla, habitualmente situada en el centro de la sala y sobre una tarima – desde donde se narraron sus obras, como hoy intentan ganarse la plaza los autores contemporáneos,  además de los clásicos.

Un oficio único que acercó la cultura a los torcedores mediante las aventuras de Julián Sorel y Matilde, o las peripecias e intrigas de Edmundo Dantes – y que dio origen a una de las marcas de puros más famosas: Montecristo-.

Entre 1865 y hoy, toda la historia de la cuba independiente de gobierno español, las guerras de sucesión, la ocupación estadounidense, los golpismos, las repúblicas y régimen socialista actual. Toda la historia de cuba comprimida en poco menos de 150 años de agitada historia e impulsada por ideas libertarias que surgieron, para muchos cubanos, desde la tribuna del lector.

Cuba reconoce la peculiaridad del oficio y su importancia en la historia cubana y recientemente lo ha incluido en el “Patrimonio Cultural de la Nación” y ha solicitado el ingreso de esta histórica institución cubana, tan ligada a su historia, en el “Patrimonio de la Humanidad” de la UNESCO.

Leer para uno mismo es gratificante; que sea otro el que nos lea, más. El oficio de lector de tabaquería, por bien que no dudamos de su dureza – largas jornadas de concentración y lectura a viva voz-, es un bello trabajo que ha desempeñado una importante tarea en Cuba: aliviar las tediosas jornadas de los torcedores y acercar las grandes obras de la cultura universal al pueblo llano desde 1865.

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