Ruido, restaurantes y bares

El ocio nocturno, bien sea en restaurantes, cines, teatros, bares o discotecas, es uno de los principales divertimentos de la sociedad española. Nuestro buen clima, horas diarias de luz y nuestro carácter nos permite disfrutar de este tipo de ocio a lo largo de todo el año. Sin embargo, el ocio nocturno también tiene zonas oscuras que afectan a trabajadores, clientes y vecinos. Una de las peores: el ruido.

El ocio nocturno presenta múltiples caras. Podemos encontrar todo tipo de oferta, desde teatros apartados a bulliciosos bares en el centro de los barrios más movidos; desde céntricos restaurantes a apartadas discotecas. Por distintos que puedan parecer, todos tienen algo en común, gente y ruido.

Es bien conocido que bares y discotecas son puntos de alta contaminación acústica, pero no son los únicos. Los teatros montan y desmontan, en muchos casos, los escenarios en plena noche, ocupando la calzada con grandes camiones que sacuden piezas metálicas, dirigidas por las nada comedidas instrucciones de los operarios. Y es que hay establecimientos de ocio nocturno no se ajustan a la normativa que regula el ruido máximo -en decibelios – alcanzable en sus locales. Este hecho tiene efectos negativos tanto en clientela como en trabajadores y vecindario.

Los clientes que acuden a estos locales se ven, aunque temporalmente, expuestos a altos niveles de ruido que superan, en muchos casos, los máximos saludables. El caso de los clientes, no obstante, es un caso de menor importancia, al fin y al cabo, siempre pueden evitar un local muy ruidoso como evitan los abarrotados o con mal servicio.

La situación es más grave para los trabajadores. Muchos de ellos trabajan ocho horas diarias expuestos a más de 85 decibelios, situación que puede causar pérdidas permanentes de audición. Éstos, a diferencia de los clientes, difícilmente pueden abandonar el “local ruidoso” y, en la situación económica en que nos encontramos, tampoco valorar a la ligera la posibilidad de buscar un nuevo empleo de condiciones laborales más cómodas.

Los vecinos son los últimos damnificados. Los locales mal habilitados no aíslan adecuadamente el sonido que se filtra hasta los hogares y dormitorios situados, habitualmente, por encima de ellos. Estas filtraciones superan, cuando se producen, los 35 decibelios máximos que pueden soportarse en el interior de un domicilio sin llegar a resultar insoportable, provocan insomnio entre los vecinos y, como consecuencia de este, trastornan su vida personal y laboral.

El insomnio, como recogen diversos psicólogos que tratan el asunto, afecta gravemente a las personas que lo padecen, pudiendo llegar a causar graves trastornos de ansiedad ante la idea de salir del trabajo, regresar a casa y no poder descansar.

El problema del ruido en bares y discotecas empezaba a ser atajado por la acción de ayuntamientos y tribunales que, con ordenanzas unos y sentencias otros, venían recordando tanto a clientes como a propietarios de locales, que debían ajustarse a las normativas que regulan el asunto.

No obstante, la pasada ley del tabaco, que prohibió la posibilidad de fumar en espacios cerrados no habilitados a tal efecto, provocó una salida en masa de fumadores a las calles. Antes fumaban en el interior de los locales, ahora, en cambio, deben salir fuera y, una vez allí, las conversas y los cigarrillos se suceden. Los respetuosos son los menos, siendo la mayoría inconscientes del daño que causan a la vecindad con sus conversas nocturnas.

Todo lo anterior no puede si no recordarnos que la obligación de mantener el ocio nocturno entre los límites de la ley es una tarea de todos, tanto de los locales como de los clientes. Pues ambos somos corresponsables del buen sueño de aquellos que hoy han decidido quedarse en casa y descansar.

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