Tabaco de contrabando

La venta ilegal de cualquier producto es un desafío para los negocios que se ajustan a la legalidad. En el mundo del estanco, un negocio de precios tasados, sin margen para la estrategia comercial, la venta ilegal de tabaco es un golpe infranqueable contra la línea de flotación de muchas expendedurías. Y en un mundo en recesión económica, la compra-venta ilegal de tabaco es solución para muchos y problema para otros tantos.

La España en crisis ha agudizado el ingenio en muchos campos, forzándonos a aprovechar las buenas ofertas, a rentabilizar el dinero y a controlar el gasto de nuestra economía doméstica. La crisis económica, en cambio, no ha eliminado viejos hábitos como fumar, ni tampoco los ha hecho más baratos.

Todos aquellos que querían seguir haciendo el mismo consumo de tabaco, pero a menor precio, han tenido que buscar soluciones económicas. El tabaco de liar o las marcas de menor precio han sido la solución de gran parte de los consumidores. Sin embargo, otra parte de ellos ha recurrido a la adquisición ilegal de tabaco fuera de los estancos.

La lucha contra esta práctica, establecida desde hace tiempo en nuestro país, y agudizada recientemente, es realmente complicada. Esto se debe a que el tabaco vendido ilegalmente cuenta con un amplio soporte entre la sociedad española, que no comprende las implicaciones de su compra y consumo.

El tabaco comprado ilegalmente procede habitualmente de:

1. Tabaco sustraído a estancos mediante el robo o el atraco. Siendo, lamentablemente, cada vez más habituales las noticias que recibimos semanalmente en este sentido.

2. Tabaco de curso legal, pero entrado ilegalmente en la península. Vendido legalmente en Gibraltar o en Canarias -o en terceros países-, este tabaco es revendido en la península, violentando las leyes que regulan el sector.

3. Tabaco ilegal, es decir, producido sin las garantías sanitarias exigidas por España y la Unión europea y entrado también ilegalmente en el país.

La compra y consumo de estos tabacos no hace sino agravar la difícil situación de muchos estanqueros que por un lado ven reducidas sus ventas por la coyuntura económica y por la venta ilegal de tabaco; y por otro lado son objeto de los robos y las mafias que adquieren ilegalmente este tabaco.

Pese a los esfuerzos de los cuerpos de seguridad del estado por estrechar el cerco en las aduanas, reduciendo la cantidad de tabaco entrado ilegalmente en el país, todo parece indicar que la verdadera solución pasa por la concienciación de los consumidores. Concienciación del  peligro que entraña la adquisición y consumo de tabaco ilegal, es decir, el fomento de robos y mafias que lo explotan, la inseguridad en las fronteras españolas y un evidente riesgo para la salud cuando, además de ilegalmente vendido, el tabaco consumido no se ajusta a las normativas sanitarias que regulan la producción del sector.

 

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